La música clásica

No es de extrañar que la música clásica sea tan propia de tarados. Una única pieza musical tiene docenas de datos insignificantes vinculados a ella, ninguno de los cuales tiene la menor importancia para nadie, al margen de mí y de los otros cuatro chalados del piano que están leyendo esto.

– James Rhodes. Instrumental.

(Nota: no tengo ni idea qué sea ‘chalados’ pero me lo supongo, como ustedes. El libro que tengo está traducido el español de España, “disculpad”).

 

El victimismo.

Se trata de una adicción que resulta más destructiva y peligrosa que cualquier droga, que casi nunca se reconoce, de la que se habla aún menos. Algo insidioso, generalizado, que ha alcanzado niveles de epidemia. Es la principal causa de esa actitud de creerse con derecho a todo, de la pereza y la depresión en la que estamos inmersos. Es todo un arte, una identidad, un estilo de vida que te brinda una infinita e inagotable capacidad de sufrimiento.

Es el victimismo.

– James Rhodes. Instrumental.

Toda la carne en el asador

Sólo existen dos actitudes posibles: o bien uno decide no encariñarse con las personas y las cosas, con el fin de que la amputación no resulte tan dolorosa; o, por el contrario, uno decide amar todavía más las personas y las cosas, poner toda la carne en el asador, “ya que no estaremos mucho tiempo juntos, te voy a dar en un año todo el amor que te habría podido dar en una vida”.

– Amélie Nothomb. Metafísica de los Tubos.

Blueberry Pie

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Elizabeth: So what’s wrong with the Blueberry Pie?
Jeremy: There’s nothing wrong with the Blueberry Pie, just people make other choices. You can’t blame the Blueberry Pie, it’s just… no one wants it.
Elizabeth: Wait! I want a piece.

– Elizabeht (Norah Jones) y Jeremy (Jude Law).

My Blueberry Nights